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Bruno, el erizo. Un cuento infantil sobre la paciencia y la empatía

Cuento infantil sobre la paciencia, la empatía y el valor de respetar el propio ritmo. La historia de Bruno, un erizo que demuestra que ir despacio, ayudar a los demás y actuar con el corazón también puede llevar a ganar. Ideal para niños y familias.

CUENTOS PARA DORMIR

Échale Cuento

12/20/20253 min read

Cuento infantil para dormir con valores: sobre la paciencia y la empatía

En un bosque lleno de luz y susurros verdes, donde los árboles bailaban con el viento y las flores se abrían como pequeños secretos, vivían muchos animales que amaban moverse rápido. Corrían, saltaban, volaban. Todo era veloz: las risas, las carreras, incluso los suspiros.

Entre ellos vivía Bruno, un erizo pequeño, de pasos cortos y mirada tranquila. Mientras todos parecían tener prisa, él caminaba despacio, se detenía a mirar las mariposas y saludaba a cada seta del camino como si fueran viejos amigos.

Una mañana, la lechuza del bosque —sabia y respetada— bajó volando desde el árbol más alto y gritó con voz clara:

—¡Hoy haremos una carrera especial! Las flores mágicas han florecido por todo el bosque. Quien recoja más y regrese primero, será el gran ganador.

Los animales brincaron de emoción. Sabían que al otro lado del puente colgante, más allá del riachuelo, había un claro lleno de esas flores que brillaban como estrellas diminutas.Ahí estaba la gran ventaja.

Bruno también decidió participar. No por ganar, sino por vivir la aventura. Alguien se rió bajito:

—¿El erizo? Pero si no corre… ¡camina como si durmiera!

Bruno sonrió sin responder. Sabía que cada paso lento suyo tenía sentido.

Al sonar la señal, todos se lanzaron como flechas. Bruno empezó con calma. Recolectó flores de colores suaves, algunas escondidas entre las raíces, otras solitarias junto a las piedras. Se detenía a olerlas y agradecerles en silencio.

Cuando se acercaba al puente, un quejido le detuvo. En medio del sendero, una pequeña liebre estaba sentada, temblando. Se había tropezado, su patita estaba herida y su canasta volcada, con flores desparramadas por el suelo.

Muchos animales la habían pasado de largo sin verla. Otros sí la vieron… pero no quisieron detenerse.

Bruno corrió —bueno, lo más rápido que pudo— hacia ella.

—¿Estás bien? —preguntó con voz suave.

—Me caí… y nadie me ayudó —susurró la liebre, con lágrimas en los ojos.

Bruno la ayudó a acomodarse contra un tronco. Recogió con cuidado sus flores una a una. Luego rompió una hojita grande y le hizo una pequeña venda para su patita.

—No te preocupes —le dijo—. Yo te curaré.

La liebre, conmovida, le ofreció su canasta entera.

—Tú lo mereces más que yo, Bruno. Gracias por detenerte.

Bruno dudó… pero al ver la sinceridad en sus ojos, aceptó. Con las flores que él ya tenía, su canasta estaba repleta.

A lo lejos, se escuchaban los pasos y risas de los más rápidos que cruzaban el puente en busca del claro brillante. Pero apenas lo hicieron… ¡CRACK! El puente colgante crujió y se partió, no pudo resistir tanto peso, dejando a todos atrapados del otro lado del río. No podían regresar.

Bruno, que nunca llegó a cruzarlo, miró con asombro cómo el agua comenzaba a llevarse los pedazos de madera. Él ya tenía su canasta llena. Y aún tenía tiempo.

Regresó por el mismo camino, paso a paso, como siempre. Saludó a un petirrojo, acarició un helecho, y llegó tranquilo hasta donde la lechuza lo esperaba con ojos abiertos como lunas.

—¿Bruno? —dijo asombrada—. ¡Eres el primero en volver! ¿Cómo es posible?

Bruno solo sonrió y mostró su canasta llena. No hizo falta decir más.

Los demás, desde el otro lado del río, lo miraban en silencio. No estaban molestos. Estaban admirados.

La lechuza lo miró con ternura y dijo en voz alta:

—Hoy hemos aprendido algo importante. Bruno no fue el más rápido, pero fue el más sabio. Ayudó, se tomó su tiempo, y aún así… ganó. Porque hizo lo correcto.

Desde entonces, cada vez que alguien en el bosque sentía que debía apurarse, pensaba en Bruno. Y recordaba que no todo lo valioso se encuentra al correr. Que hay cosas que solo se descubren cuando uno va despacio… y con el corazón abierto.

🦔🌸🌿✨

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